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Mente, vida y el cosmos

El universo interconectado

Jhonatan Serna
10 de junio de 2023
6 min de lectura
Mente, vida y el cosmos

La relación entre la mente y el cosmos es una de esas preguntas que nunca termina de asentarse. Cada era la retoma con nuevas herramientas y llega a algo que resulta a la vez familiar y extraño. Lo interesante de nuestro momento particular es que la neurociencia, la física y la filosofía convergen en un conjunto de ideas que habrían parecido místicas hace una generación, y que ahora empiezan a verse cada vez más como hipótesis razonables.

El universo y la mente: una existencia entrelazada

La intuición de que mente y cosmos se reflejan mutuamente es antigua. La Tabla Esmeralda, atribuida a Hermes Trismegisto, lo resume con concisión: "Lo que está abajo es como lo que está arriba." No es ciencia, obviamente, pero es una postura metafísica a la que la investigación moderna sigue retornando.

En las últimas décadas, filósofos y científicos serios han comenzado a explorar si la conciencia podría ser una característica fundamental de la realidad, y no un subproducto accidental de la complejidad neuronal. El panpsiquismo, la idea de que la experiencia es intrínseca a la materia, ha pasado de los márgenes al discurso académico respetado. El libro de Philip Goff Galileo's Error (2019) presenta el argumento filosófico; la Teoría de la Información Integrada de Giulio Tononi intenta algo más ambicioso: un marco matemático en el que la conciencia no es algo que un sistema hace sino algo que es, medido por su capacidad de integrar información.

Con independencia de si estos marcos sobreviven al escrutinio, representan un cambio genuino. La pregunta ya no es "¿cómo produce el cerebro la conciencia?" sino, cada vez más, "¿y si tenemos la relación al revés?"

"El cosmos está en nosotros. Estamos hechos de materia de estrellas. Somos una forma en que el universo se conoce a sí mismo." — Carl Sagan, Cosmos (1980)

La evolución de la vida y la evolución de la mente

La observación de Sagan es literalmente cierta. El carbono en nuestras células se forjó en el interior de estrellas moribundas. Pero el hilo más interesante es lo que ocurrió después de que la química se convirtiera en biología. La trayectoria evolutiva de los sistemas nerviosos, desde las simples redes nerviosas hasta la corteza prefrontal humana, traza un camino de complejidad cognitiva creciente que es, por cualquier medida, notable.

La conciencia humana, con su capacidad de autorreflexión, abstracción y contemplación de su propia existencia, representa algo cualitativamente nuevo en esa trayectoria. No somos solo materia que piensa, somos materia que piensa sobre lo que significa pensar. Esta cualidad recursiva es lo que hace tan difícil de desenredar la relación mente-cosmos: el instrumento de investigación es también el objeto de investigación.

A medida que nuestra comprensión se profundiza a través de la neurociencia, la teoría de la información, la computación y la cosmología, nuestra capacidad de interactuar con el universo cambia en consecuencia. No porque la conciencia colectiva moldee místicamente la realidad, no hay buena evidencia de eso, sino porque comprender es en sí mismo una forma de participación. No solo observamos el universo; lo interpretamos, lo modelamos y, cada vez más, intervenimos en él. El principio antrópico participativo de John Wheeler apunta en esa dirección, aunque sigue siendo especulativo, y la línea entre la medición cuántica y la observación consciente es mucho menos clara de lo que sugieren los relatos populares.

Intentar comprender el todo

Los marcos intelectuales son necesarios pero no suficientes. Hay una dimensión de esta investigación que es experiencial, que requiere no solo pensar sobre la interconexión sino sentirla.

Las prácticas contemplativas ofrecen un camino. Se ha demostrado que la meditación desplaza el sentido de los límites del yo, lo que los psicólogos llaman "descentramiento", produciendo estados en que la línea nítida entre observador y observado se suaviza. Esto no es misticismo disfrazado de ciencia; los correlatos neuronales son medibles, y los informes fenomenológicos son notablemente consistentes a través de tradiciones y culturas.

La investigación psicodélica ha añadido otra capa. Estudios en la Universidad Johns Hopkins y el Imperial College de Londres, usando psilocibina en condiciones cuidadosamente controladas, demuestran efectos de disolución del ego que se correlacionan con mayor complejidad neural y entropía, medidas mediante marcos informados por la IIT. La experiencia de disolución de límites no es prueba de interconexión cósmica, pero sí revela algo sobre la naturaleza construida de nuestro sentido ordinario de separación.

El punto no es abandonar el rigor por el arrebato. Es que entender la relación mente-cosmos puede requerir más de un modo de conocimiento.

Prepararse para lo que viene

La pregunta práctica que subyace a todo esto: ¿cómo nos preparamos? Los desafíos que tenemos por delante no son problemas que ceden ante la pericia estrecha. Requieren lo que podríamos llamar una perspectiva interconectada: la capacidad de ver sistemas en lugar de silos, relaciones en lugar de variables aisladas.

La educación, el pensamiento crítico y la humildad intelectual siguen siendo esenciales. Pero también algo más difícil de nombrar, una cualidad de atención que sea a la vez rigurosa y abierta, analítica y empática. La tecnología, guiada por esa cualidad, amplifica la inteligencia colectiva. Sin ella, la tecnología simplemente amplifica los sesgos existentes a escala.

El verdadero desafío es asegurar que el desarrollo interior siga el ritmo de la capacidad exterior. Estamos construyendo herramientas de un poder extraordinario. La pregunta es si también estamos construyendo la sabiduría para manejarlas.

Pensamiento final

El universo no es indiferente a nuestra existencia, aunque no en ningún sentido místico. Es indiferente de la manera en que la materia prima lo es respecto a lo que se construye con ella. Los átomos no les importa. Pero los patrones que forman, la vida, la mente, la cultura, el significado, esos son reales, y son nuestros para moldear.

Entender la interconexión entre mente, vida y cosmos no nos da respuestas. Nos da mejores preguntas. Y las mejores preguntas, a la larga, suelen ser las que más importan.